El aceite de motor recomendado para vehículos que suman más de 100 000 km es aquel que cumpla con las indicaciones de su fabricante sobre grado SAE, normas API o ACEA. No hay más.
Es una duda habitual en España, donde la antigüedad media de los coches roza los 15 años: ¿qué aceite se recomienda para un motor con más de 100 000 km?, ¿se puede utilizar el mismo que en vehículos con menos kilometraje recorrido?
Son preguntas que encierran varias cuestiones. ¿De qué hablamos al referirnos a un motor con más de 100 000 km?, ¿de un propulsor reciente y de tamaño reducido que ha realizado muchos recorridos largos?, ¿del motor más amplio de un vehículo de 20 años que ha tenido un uso esporádico y eminentemente urbano?, ¿o tal vez del de un coche clásico?
Son todas cuestiones que apuntan en una misma dirección: el lubricante más adecuado para cada motor es aquel que cumple con las indicaciones que el fabricante del vehículo ha recogido en su libro de mantenimiento. Ni más, ni menos.
Recomendación de aceite para motores con más de 100 000 km: factores que influyen
El tipo de lubricante que se recomienda para un motor no tiene tanto que ver con los kilómetros que ha recorrido como con las propias características del vehículo. Estos son algunos de los factores que influyen:
– El diseño del propulsor y sus materiales.
– Tipo de motorización: gasolina, diésel, gas…
– Las tecnologías aplicadas al vehículo (p. ej., turbo, inyección o sistemas de tratamiento de gases de escape).
– Tiempos de apertura y cierre de válvulas.
– Presiones de la inyección de combustible.
– Programación de la centralita de inyección.
En función de estas y otras características, se deberán utilizar unos lubricantes o otros, con formulaciones que se adecuen a ellas.
La manera de saber si un lubricante reúne los requisitos para cuidar un motor con más de 100 000 km o para otro que solo sume 20 000 km es la misma: hay que comprobar si cumple con lo que indica su fabricante en cuanto a grado SAE y normas ACEA o API.
Aceites para motores con más de 100 000 km: SAE, API y ACEA
En este punto, es probable que te preguntes qué son SAE, ACEA y API. En esencia, son todos estándares que fijan distintas asociaciones de la industria de automoción para discernir si un lubricante es adecuado o no para proteger un determinado tipo de motor.
Normalmente la norma está asociada a un año. Por ejemplo, si es 2004, el producto protegerá a los motores anteriores a esa fecha. Pero ojo, no a todos: un vehículo de1975 puede tener unos cauchos en la sección de válvulas no compatibles, por ejemplo, con aceites semisintético o semisintéticos, o con un determinado tipo de aditivo
Cada uno de esos estándares se refiere a un ámbito: SAE, a la capacidad de un aceite para fluir; ACEA, a requisitos para motores europeos; y API, a los de los propulsores americanos.
SAE J300: la norma que indica la viscosidad
La norma SAE J 300 clasifica los aceites de motor según su grado de viscosidad. Para ello, establece los grados SAE (5W-30, 0W-20, etc.), que se refieren a la capacidad de un lubricante para fluir en distintas condiciones de temperatura.
La viscosidad de un lubricante es una propiedad muy importante: de ella depende que el producto pueda crear una película de aceite capaz de separar dos superficies, en función de la temperatura que se dé en cada punto del sistema de lubricación y de las holguras en esa zona. También del tiempo que se quede en la zona: si utilizamos un aceite con una SAE alta en un motor con pequeñas holguras, el resultado es que se quedará más tiempo allí. Esto lleva, en la zona de segmentos del pistón, a que se recaliente el aceite y pueda degradarse.
En el caso de que sea una viscosidad muy fluida, lo que tendremos es que pasará por esa zona rápidamente para acceder a la cámara de combustión, con el resultado de que se consumirá más aceite de lo normal.
Para conocer si es la adecuada, hay que comprobar el grado SAE que recomienda el fabricante para ese motor en concreto.
Así, nos podemos encontrar con recomendaciones de grado SAE diferentes para motores con el mismo kilometraje. Por ejemplo, dos motores con más de 100.000 km pueden requerir grados SAE muy diferentes en función de su diseño.
Un motor moderno que ha acumulado más de 100 000 km puede requerir una SAE 0W-20, mientras que para otro más antiguo con el mismo recorrido se recomendará una SAE 10W-40.
En esto influyen cuestiones como las holguras o tolerancias internas del motor, los materiales con los que se haya construido o incluso de las prioridades del fabricante al diseñar el propulsor (p. ej., ahorro de combustible).
ACEA y API: estándares para motores europeos y americanos
Las normas ACEA establecen las prestaciones que deben ofrecer los lubricantes a los motores de los vehículos europeos para asegurar tanto su correcto funcionamiento como su duración. Se basan en ensayos efectuados sobre motores.
Las especificaciones de ACEA van evolucionando a medida que surgen problemas en servicio (desgastes, formación de lodos…) y también nuevas tecnologías en los vehículos (sistemas de tratamiento, de inyección, turbo, etc.) Indican ciertas capacidades de protección que deben proporcionar los lubricantes a los motores y que deben ser revisadas a medida que estos avanzan.
Esto significa que un motor más antiguo con más de 100 000 km puede requerir un lubricante que cumpla con la norma ACEA A5/B5 para motores gasolina/diésel con inyección directa, sin filtros de partículas. Mientras, otro más moderno y con el mismo kilometraje requerirá un aceite de motor ACEA C7, capaz de protegerlo de problemas como el LSPI o de la degradación de los sistemas de tratamiento de los gases (catalizadores, EGR, filtros de partículas… )
Algo similar ocurre con las normas API, que serían el equivalente a las normas ACEA, pero para motores americanos. Estas categorías también se van adecuando a la innovación en los vehículos y, en su caso, tienen en cuenta también la severidad del servicio.
Por esa razón, dos vehículos con el mismo kilometraje, pero con motores y usos distintos, pueden requerir aceites de categorías API diferentes.
Normas de los fabricantes
Además de estas categorías, muchos fabricantes de vehículos promulgan sus propias especificaciones, con ensayos específicos que afinan aún más las exigencias para los lubricantes que trabajan con cada generación de motores.
Para asegurarse de que un lubricante está a la altura de sus motores, realizan tests propios en laboratorio y carretera que los productos deben superar.
Es importante asegurarse de que el lubricante cumple con todas estas indicaciones: de ello depende que el motor mantenga sus prestaciones y que esté debidamente protegido en todo momento.
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