¿En qué piensas si lees la palabra “lubricante”? Muy probablemente, se te vendrá a la mente un envase de aceite de motor para tu coche o moto. Sin embargo, hay otros lubricantes que son imprescindibles en un vehículo y que no pasan por el cárter. Nos referimos a las grasas lubricantes para automoción, productos que aportan importantes ventajas para ciertas aplicaciones.
¿Qué es una grasa lubricante?
Antes de nada, aclaremos qué es una grasa lubricante. Se trata de un producto semifluido o sólido formado por la dispersión de un espesante en un aceite lubricante, al que se añaden aditivos para conferir propiedades específicas.
Desde el punto de vista funcional, la grasa actúa como un “depósito” de aceite: bajo la acción de cargas, la temperatura o el movimiento, este producto libera progresivamente el aceite en su seno formando una película de lubricante entre dos superficies con movimiento relativo.
Para qué sirven las grasas lubricantes en automoción
Las grasas lubricantes desempeñan un papel esencial en la fiabilidad, seguridad y durabilidad de los diferentes elementos mecánicos de un vehículo moderno.
En automoción, las grasas se emplean de forma extensiva en rodamientos de rueda, juntas homocinéticas, chasis, sistemas de dirección, frenos, mecanismos auxiliares, motores eléctricos y, cada vez más, para aplicaciones específicas en vehículos eléctricos.
Ventajas de las grasas para automoción y diferencias con los aceites
Llegados a este punto, es probable que te surja esta duda: si ya existen aceites lubricantes para automoción, ¿por qué necesitamos usar también grasas?
Es cierto que los aceites son más eficientes desde el punto de vista de la lubricación propiamente dicha, así como de la refrigeración y limpieza de los diferentes elementos lubricados.
Sin embargo, las grasas ofrecen una serie de ventajas únicas: permanecen en su lugar con el tiempo, permiten sellar y proteger los elementos lubricados frente a contaminantes, permiten reducir los intervalos de mantenimiento y, por último, permiten lubricar elementos donde el uso de aceite es muy complicado.
De qué están hechas las grasas lubricantes
La composición típica de una grasa lubricante es la siguiente:
– Aceites base (65–90%): este componente es el responsable principal de la lubricación.
– Espesante (2–35%): se trata de la estructura que retiene el aceite. Es la que define la consistencia o grado de dureza / blandura de la grasa.
– Aditivos (0–10%): son sustancias que se añaden a la grasa para mejorar sus prestaciones, como su protección contra el desgaste, la protección anticorrosión o la estabilidad a la oxidación.
A continuación, hablaremos con más detalle sobre cada uno de estos componentes.
Aceites base utilizados en grasas lubricantes para automoción
Los aceites base de una grasa son los que determinan, en gran medida, el comportamiento que tendrá esa grasa en operación.
De hecho, la viscosidad de este elemento es la que determina su idoneidad para cada tipo de aplicación en particular: los aceites de alta viscosidad favorecen la protección en bajas velocidades y altas cargas, mientras que los aceites más fluidos son preferibles en altas velocidades y bajas temperaturas.
Así mismo, la viscosidad del aceite base puede determinar en gran medida su bombeabilidad, sobre todo a bajas temperaturas.
El tipo de aceite base podrá determinar el rango de temperaturas de funcionamiento, así como su compatibilidad con los materiales.
Aceites base minerales
Procedentes del refino del petróleo, los aceites base minerales siguen siendo mayoritarios por su buen equilibrio entre coste y prestaciones. Se emplean ampliamente para grasas de chasis, rodamientos convencionales y aplicaciones de temperatura moderada.
Aceites base sintéticos
Incluyen PAO, ésteres, PAG, siliconas y PFPE. Se utilizan cuando se requieren prestaciones superiores porque ofrecen algunas ventajas:
– Mayor rango de temperaturas de operación (bajas y altas temperaturas).
– Mayor estabilidad a la oxidación.
Las grasas formuladas a partir de aceites base sintéticos suelen ser habituales en rodamientos de rueda engrasados de por vida, motores eléctricos, actuadores y aplicaciones de alta exigencia.
Espesantes: el “esqueleto” de la grasa
El espesante es el principal responsable de la consistencia, la estabilidad mecánica y, en muchos casos, de la posible compatibilidad entre grasas.
Espesantes jabonosos
Podemos encontrar diferentes tipos de espesantes en las grasas de automoción.
Entre ellos, podemos destacar los siguientes:
– Litio: es el más utilizado históricamente y aporta un buen equilibrio general.
– Complejo de litio: este espesante aporta mayor resistencia a la temperatura y al agua que el litio convencional.
– Calcio: excelente resistencia al lavado por agua.
– Complejo de calcio/sulfonato de calcio: soporta altas cargas y ofrece excelente protección anticorrosión, así como una gran resistencia al agua y a altas temperaturas.
– Complejo de aluminio: buena adhesividad y resistencia al agua. Permite usos específicos como, por ejemplo, para grasas para uso alimentario.
Espesantes no jabonosos
– Poliurea: se utiliza mucho en motores eléctricos y rodamientos sellados de por vida.
– Arcillas (bentonita): altas temperaturas, sin punto de gota definido.
– PTFE: aplicaciones especiales y químicamente agresivas.
Aditivos en grasas de automoción
Los aditivos complementan al aceite y al espesante para adaptar la grasa a condiciones específicas. Hay varios tipos:
– Anti-desgaste (AW) y extrema presión (EP): protegen bajo altas cargas, vibraciones y choques.
– Inhibidores de herrumbre y corrosión: esenciales en ambientes húmedos o salinos.
– Antioxidantes: retrasan la oxidación, alargando la vida útil de la grasa.
– Modificadores de fricción: reducen ruido, vibraciones y el consumo de energía.
Ya conoces un poco mejor las grasas lubricantes para automoción. En un próximo artículo te contaremos en qué puntos de un vehículo se encuentran, cómo se clasifican y algunos problemas específicos que pueden surgir. Hasta entonces, si te ha quedado alguna duda, déjanos un comentario un poco más abajo y nuestros expertos te contestarán.
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