“Todos los aceites son iguales. ¡Pero si todos salen del mismo grifo!” ¿Has oído esto alguna vez? Nosotros sí que lo hemos oído. Y no puede ser más erróneo.
Es uno de tantos mitos que rodean a los lubricantes, como el de que el aceite de motor no caduca o que puedes utilizar el aceite de un camión en un tractor. En este caso, lo que se pretende decir es que no hay diferencias entre los productos de distintas marcas y con especificaciones similares.
Resulta que no: no todos los aceites cumplen las mismas normas, ni dan las mismas prestaciones ni, mucho menos, salen del mismo grifo.
Lubricantes para usos y condiciones muy distintas
Eso de que los lubricantes no son iguales es evidente cuando hablamos de un aceite para el motor de un coche y de un aceite para una turbina de un avión. Son sistemas muy distintos y las condiciones de trabajo también lo son.
Está muy clara la diferencia también cuando hablamos de un aceite de motor y de un aceite de corte de metales (o una taladrina). Queda claro que existen familias de aceites lubricantes con funciones y propiedades muy distintas.
El problema llega cuando dos lubricantes cumplen con las mismas funciones. Ahí resulta más complicado apreciar las diferencias, pero vamos a tratar de explicarlo.
Pongamos como ejemplo los productos hidráulicos: se pueden usar en maquinaria de obra pública, en envasado de alimentación, en un acerería o en una ubicación junto a un río.
¿Qué ocurre? Que el producto que usamos en envasado debe cumplir con ciertas características especiales para no contaminar los alimentos. Tampoco podemos utilizar un hidráulico normal en una acerería porque se incendiaría fácilmente: necesitaríamos unos aceites especiales llamados ignífugos, que son muy resistentes a crear una llama.
¿Y si trabajamos cerca de ríos, acuíferos o entornos naturales? Probablemente necesitaremos aceites biodegradables para evitar contaminar los suelos y las aguas si se produce una fuga de aceite.
Podríamos seguir con muchos más ejemplos que demuestran que los aceites no son iguales, tanto por el tipo de uso al que se destinan como por las condiciones que se establecen alrededor de ese uso.
Esto es lo que nos lleva a tener aceites diversos para turbinas, motores, hidráulicos, compresores, transmisiones, engranajes, rodamientos… que, claramente, no son iguales.
Sin embargo, la frase “todos salen del mismo grifo” sigue ahí, sobre todo en lo que atañe a los aceites de motor. Así que analicemos también esto.
Lubricantes diversos para motores que (tampoco) son iguales
La primera diferencia que podemos destacar en la cuestión de los aceites de motor es que podemos usar combustibles muy diversos en los vehículos. Por ejemplo, gases (metano, butano, gases de vertedero, amoniaco…) y líquidos (alcoholes, gasolinas, gasóleos, fuelóleos, HVO…).
Lo que ocurre es que cada combustible tiene sus peculiaridades y plantea diferentes tipos de problemas. Así que los aceites de motor que utilicemos no solo tendrán que responder a las diferentes condiciones que plantea el uso de cada combustible, sino también a las distintas tecnologías y diseños que aplican los ingenieros.
Otro detalle importante: hay motores de dos tiempos (2T) y de cuatro tiempos (4T). Así que al desarrollar aceites para motos con motores 2T debemos tener en cuenta que se mezclarán con la gasolina. Eso no ocurre en el motor de una moto 4T: en ese caso no hay que realizar esa mezcla antes de que entre el combustible en la cámara de combustión.
Lo que acabamos de ver supone que los aceites de moto de dos tiempos incorporen, en ocasiones, productos que faciliten su mezcla con la gasolina. Por supuesto, estos productos no se usan en aceites para motores de cuatro tiempos.
Las diferencias no se quedan ahí. Resulta que ni siquiera todos los aceites para motores de cuatro tiempos son iguales entre sí: tenemos los minerales, los semisintéticos y los sintéticos. La duración de las propiedades de cada uno sería distinta si se usaran en el mismo motor. Los sintéticos permiten recorrer más kilómetros antes cambiarlos que los minerales o los semisintéticos.
Por último, tenemos las normas, que diferencian los aceites de motor en función de su viscosidad (la SAE) o prestaciones (ACEA, API o las propias especificaciones de los fabricantes). En función del año de fabricación de un modelo de coche y del diseño de su motor, se recomendará un tipo de producto u otro.
No, los aceites no son todos iguales
Como has podido comprobar, “todos los aceites son iguales” es una frase que se usa, pero no es cierta.
Tenemos una multitud de productos lubricantes distintos: en función del uso que se les vaya a dar (para transferencia térmica, para sistemas neumáticos, motor, cajas de cambio…), de las SAE o ISO recomendadas (viscosidades dependientes del diseño del elemento lubricado), además de las normas establecidas en función del tipo de trabajo (alimentarias, de seguridad ante la posibilidad de incendio…) o de seguridad (composición del producto).
No olvidemos, por supuesto, las normas o especificaciones, tanto las internacionales como las de los fabricantes. Son muy importantes porque están relacionadas con la duración del producto y las prestaciones de protección que deben proporcionar.




